El sol siempre ha sido un aliado de la humanidad. Ha marcado su ritmo de vida, su alimentación, ha sido adorado, esperado, envidiado… Y se identifica con la alegría. Y ahora, también con la sostenibilidad. Su energía, cada día más accesible y competitiva, es una solución a cuatro grandes desafíos que España deberá afrontar en la próxima década: la amenaza de la emergencia climática; la transición energética y la eliminación del uso de los combustibles fósiles; la recuperación económica, y la independencia energética.

Los cuatro están tan ligados siendo fenómenos distintos que las soluciones que se apliquen a uno de ellos afectará al resto y, sobre todo, a las personas y a la biodiversidad, fuente de riqueza, de salud y de vida. Una vez más en la historia de la humanidad, toda solución pasa por el sol.

Crecemos en todos los sentidos, pero debemos de crecer bien. Las cifras, tanto a nivel mundial como nacional muestran un sector al alza que bate récord tras récord y que se esfuerza por mejorar tanto a nivel tecnológico como en su integración social y ambiental.

El año pasado, una de cada tres plantas de energía que se instaló en el planeta fue de energía solar, de acuerdo con el Global Market Outlook de Solar Power Europe, publicado en julio. Augura que, en condiciones óptimas, el mundo podría operar una flota solar de hasta 2,1 TW para finales del año 2025.

En este documento, España figura en el TOP 10 mundial de capacidad solar instalada por número de habitantes. Hay que reconocer, que el 2020 fue un año histórico para el sector fotovoltaico en nuestro país. Por un lado, logramos 2,8 GW nuevos de capacidad instalada en plantas en suelo sin ningún tipo de ayuda pública o esquema regulatorio. Por otro lado, el autoconsumo creció un 30% respecto a 2019, con 596 MW nuevos.

No sólo crecemos en cifras, sino que también tenemos cada vez una industria más saneada y fuerte que hizo que el año pasado nuestro país fuera exportador neto y que puede crear riqueza, sino que también damos grandes pasos hacia la sostenibilidad del sector.

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) fija la meta de 39 gigavatios de potencia instalada fotovoltaica en 2030. Teniendo en cuenta que tenemos ya instalados 13 GW, y que el autoconsumo puede añadir entre 6 y 10 GW, nos harán falta al menos 16 GW de plantas de suelo.

El sector está haciendo grandes esfuerzos para compatibilizar el gran despliegue renovable que requiere el cumplimiento de los objetivos fijados para combatir el cambio climático con la mejora tanto del entorno medioambiental como de la situación socioeconómica de las poblaciones donde se asienta.

Para reconocer e incentivar estas buenas prácticas, desde UNEF hemos puesto en marcha un Certificado de Excelencia en Sostenibilidad y Conservación de la Biodiversidad de plantas fotovoltaicas. Ha despertado un gran interés en las empresas del sector, ya que muchas de ellas realizan importantes inversiones de capital para cuidar del medio ambiente en las plantas y de tiempo para lograr que cada instalación se consensue con el municipio en cuestión y traiga beneficios para todos. El sobrecoste de hacerlo bien es necesario y positivo a largo plazo.

En lo que se refiere a la biodiversidad, este Certificado tiene dos pilares fundamentales. Uno de ellos es la reversibilidad de las plantas. Es decir, que cuando acabe su vida útil, alrededor de 25 años, y se desmonten, el medioambiente local haya mejorado considerablemente. Este compromiso enlaza con el otro gran pilar de la certificación, que haya medidas desde el diseño de la instalación para que el terreno donde se asienta se convierta en reserva o santuario de fauna y flora, a través de su renaturalización.

La otra cara del Certificado son los beneficios socioeconómicos para el municipio y la población local. Es imprescindible que las empresas establezcan un diálogo con la comunidad donde quieren instalarse, que el proyecto se saque adelante de mutuo acuerdo con ella y con los propietarios de los terrenos y que se le ofrezca a la población alguna fórmula de participación en los beneficios.

Además, hay que dar prioridad a la contratación de empleados locales. Para aumentar el empleo local, lo recomendable es que el promotor de la instalación realice una oferta pública en colaboración con el Ayuntamiento. Otra medida adicional es que el promotor ponga en marcha una formación previa la construcción para que exista personal formado local al que pueda contratar en el momento de la obra.

En conclusión, desde UNEF buscamos que la energía solar tenga un desarrollo ordenado y positivo. La fotovoltaica es un recurso propio que puede combatir el cambio climático y ser una oportunidad para la biodiversidad, la población rural española y la recuperación económica del país.

 

Felipe Benjumea es presidente de UNEF

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