Lo que se está viviendo estos días en los mercados de gas internacionales no tiene nombre. Ha roto cualquier lógica en mil pedazos. El miedo se había apoderado de los traders. El precio disparado. En pocos días las subidas habían colocado el precio en los 160 €/MWh. Las alarmas estaban sonando en todos los rincones de Europa.

Pero entonces, llegó el lobo vestido de abuelita. Vladímir Putin habló, y el precio del gas se derrumbó. Así de fácil. El mercado TTF finalizó la jornada en los 104 €/MWh tras ceder un 9,5% y eso que había tocado los 160 unos instantes antes.

Putin solo tuvo que decir dos cosas. Que Rusia «siempre» será un suministrador «fiable» de gas, cumplidora de sus «obligaciones». Eso es lo que necesitaba Europa, suministro fiable y cumplir los contratos. Y todo el mundo contento.

Putin sale como el salvador de Europa. Cuando realmente lo que ha estado haciendo es jugar con Europa y con el mercado de gas para su beneficio. Parece que ya los traders se olvidan de los problemas para arrancar el Nord Stream 2, el nuevo gasoducto que unirá Rusia y Alemania de forma directa. O que el Kremlin dijera que no iba a suministrar más gas del contratado a Europa. Tenían antes que llenar sus depósitos.

La tensión en el mercado además estaba acuciada por los graves problemas de suministro en el gigante asiático. China se ha puesto a comprar de todo en los mercados energéticos para no suspender el suministro durante el invierno. Eso dejó a Europa en manos de sus principales suministradores vía gasoducto. Es decir, Rusia, Argelia y Noruega.

Rusia y Noruega han tenido problemas de producción durante todo el año. A ello hay que sumar las bajas temperaturas que se vivieron en el último invierno que dejaron las existencias de gas bajo mínimos. Por eso este año ha sido imposible llenar los almacenes de gas en toda Europa. Solo unos pocos países parecen haber hecho los deberes, entre los que se encuentra España.

Aun así, el hombre que mece la cuna en el mercado de gas europeo, se permite el lujo de culpabilizar a la Unión Europea de lo sucedido. Es decir, Putin riñe a su principal cliente. ¿Podrían ustedes hacer lo mismo con su empresa? Probablemente no.

Putin no ha dudado en atribuir la actual crisis abierta a los «errores» cometidos por la Unión Europea al abordar la política energética, señalando la «histeria» y el «lío» que, en su opinión, ha cundido en el seno de los Veintisiete.

De este modo, el presidente ruso ha explicado el repunte de los precios por diversos factores, entre los que ha citado las temperaturas inusualmente bajas del último año, que habrían contribuido a reducir las reservas de gas, y «errores» en materia política, ya que estima que la UE depende en exceso de contratos a corto plazo en el mercado.

«Hablamos con la anterior Comisión Europea, y todas sus actividades iban encaminadas a restringir los contratos a largo plazo y la transición al intercambio comercial de gas, y resultó que esta política es errónea, ya que no tiene en cuenta las especificidades del mercado del gas debido a una gran cantidad de incertidumbres», dijo Putin.

Tras la crisis de gas europea de 2014 y 2015, con la disputa entre Rusia y Ucrania, Bruselas quería reducir su dependencia energética de Rusia. Activó distintos gasoductos por Europa. Pero finalmente, con el Nord Stream 2, lo único que ha hecho es depender más del gas ruso.

Por mucho que quiera Putin estabillizar los mercados de gas, lo que está diciendo Rusia a Europa es que le compre más gas y por tanto ganar más dinero. Cabe recordar que el precio sigue en los 104 €/MWh, cinco veces más a los precios prepandémicos.

Europa está atada de pies y manos. Ahora buscan alguna solución. De momento han conseguido que Putin relaje un poco la situación de histeria en los mercados. Pero esto no sirve de nada. La Unión Europea parece que quiere dedicarse a comprar gas de forma centralizada para así asegurarse el suministro. Pero en esta batalla no está sólo Europa, sino también los chinos.

Tal y como se ha podido comprobar en las últimas semanas, cualquier imprevisto volverá a tensar el mercado. Está el gas en una situación grave y no puede cogerse ni un resfriado. Los precios siguen muy altos y todo el mundo se prepara para el invierno, por si viene igual de duro que el año pasado.

En definitiva, si la UE se fía de Putin, es que no ha entendido nada de lo que está sucediendo a su alrededor. Y mientras tanto, al otro lado del charco, el señor Biden le ríe las gracias a Putin. Nada se arregla por dos palabras. Se necesitan hechos, y es el turno de la Unión Europea, que llega tarde como casi siempre.

 

Un análisis de Ramón Roca, director de El Periódico de la Energía.

 

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