La carrera por el litio avanza en Portugal, donde el Gobierno acaba de anunciar un concurso para la prospección en seis zonas del país, a pesar de los recelos y protestas que ha levantado entre los municipios y comunidades locales.

A Portugal se le ha atribuido el potencial de tener las mayores reservas de litio de Europa, que se estiman en unas 60.000 toneladas métricas, aunque los expertos dudan de que la realidad pueda alcanzar esas cifras, dado que aún hay muchas zonas por estudiar.

«Hay condiciones biológicas y geoquímicas para la existencia de litio, pero todavía no hay elementos de prospección científicamente consistentes que permitan apuntar a esas cifras», explica a EFE el geólogo Carlos Leal Gomes, experto en este metal.

Aun así, el país quiere aprovechar el potencial que puede tener este filón, especialmente cuando Europa quiere reducir su dependencia de materias primas importadas y el litio es cada vez más demandado para las baterías de automóviles eléctricos.

El Gobierno anunció este mes que sacará a concurso para prospección seis zonas del norte y centro del país -los parajes de Seixoso-Vieiros, Massueime y Guarda-Mangualde (este con cuatro sectores diferentes)-, con un área total de poco menos de 1.500 kilómetros cuadrados.

AYUNTAMIENTOS PIDEN MÁS PARTICIPACIÓN

La reacción de los municipios afectados no se ha hecho esperar, y en los Ayuntamientos la sensación general es que no se ha contado con ellos para avanzar con esta decisión.

«Es un asunto irreversible, va a ser una realidad», señala a EFE el alcalde de Sabugal, Vítor Proença, uno de los municipios de la zona Guarda-Mangualde (centro), que siente «desilusión».

El 40 % del territorio de Sabugal forma parte del concurso, que «choca» con proyectos de turismo sostenible y naturaleza, rutas pedestres o la recalificación del río Côa.

Otro de los afectados en la zona es Fundão, famoso por sus cerezas, donde la preocupación está en que parte del área designada para prospección coincide con una zona de regadío clave para la agricultura de la región.

«No estamos en contra la explotación de litio, sino en desacuerdo con una parte de los lugares donde se va a hacer», asegura a EFE su alcalde, Paulo Fernandes, dispuesto a mantener la lucha por vía administrativa o legal.

Los dos regidores coinciden además en que las contraprestaciones económicas anunciadas por el Gobierno para los municipios no son suficientes: ascienden a unos 100.000 euros anuales. «Es irrisoria», lamenta Proença.

LOS CIUDADANOS SALEN A LA CALLE

Al norte, en Seixoso-Vieiros, la alerta responde a la proximidad de las zonas urbanas con las áreas de prospección, y el límite de un kilómetro establecido por el concurso no se considera suficiente.

En esta zona surgió un movimiento ciudadano anti-litio para llamar la atención sobre el problema.

«Las zonas que el Gobierno quiere para la extracción del litio no están desiertas, viven personas y sus sierras y montes limitan con lugares habitados», explica a EFE su fundador, José Mário Teixeira, un joven de 23 años que habla de los efectos que tendría una mina sobre la agricultura y el turismo.

Este colectivo ha sumado el apoyo de otros movimientos anti-litio con años de lucha en el país, donde existen tres proyectos más avanzados: Argamela, centro, y Boticas y Montalegre, norte, en diferentes grados de desarrollo.

Uno de los más avanzados es el de Boticas, en la mina de Barroso, que está a la espera de poder avanzar con la explotación.

Pero la contestación no para: un órgano local acaba de anunciar una acción judicial contra el Estado portugués al entender que el proceso para conceder las autorizaciones no fue legal.

Asociaciones ecologistas ya denunciaron los efectos que la prospección dejó en esta zona, con destrucción de especies.

TRANSICIÓN ENERGÉTICA

El ministro de Medio Ambiente y Acción Climática portugués, João Matos Fernandes, ha defendido que el litio es «esencial» para la transición energética y que Portugal puede liderarla gracias a esta materia prima.

Los expertos no lo ven tan claro. «No va a haber una revolución de las baterías gracias al litio portugués», señala el geólogo Leal Gomes, que considera que no va a aparecer una cantidad «espectacular» de este material.

El impulso que podrá dar a la economía lusa tampoco será «extraordinario»: «no va a cambiar profundamente el PIB o la tendencia económica» del país, dice, aunque los efectos reales podrán verse en cinco o seis años.

Las comunidades locales temen que nada de ese impacto positivo recaiga sobre los propios territorios.

«Los grandes polos industriales de la industria del automóvil no se localizan en Portugal. Ellos sacarán plusvalías de la explotación minera pero para las poblaciones portuguesas sólo quedará la polución y la contaminación de las aguas y suelos», lamenta Teixeira, del movimiento anti-litio.

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