Pedro Sánchez ha presentado su plan para España 2050 en el que prevé la necesidad de cambiar radicalmente de hábitos de consumo paara todos los españoles. Las recomendaciones que hace el Gobierno van desde la prohibición de los vuelos peninsulares entre las grandes ciudades, es decir, «prohibir los vuelos en aquellos trayectos que puedan realizarse en tren en menos de 2,5 horas», o por ejemplo, que los españoles dejemos de comer carne. «Destacar el abandono progresivo de la dieta mediterránea y el incremento del consumo de productos de origen animal», reza el documento en su capítulo dedicado a la lucha contra el cambio climático.

La Moncloa ha hecho un análisis bastante catastrofista de lo que será España si no se actúa en materia medioambiental. Mientras asegura que «resulta imposible anticipar cómo evolucionarán el cambio climático y el deterioro medioambiental de aquí a 2050», cree que España sufrirá una subida dee temperaturas importante en los próximos años.

«¿Qué ocurrirá entonces? Es difícil saberlo. Para ofrecer una prognosis aproximada, aquí tomamos como referencia uno de los escenarios más probables, si bien no el más deseable: aquel en el que, aunque los objetivos de París no se cumplan en su totalidad por parte de todos los países, sí se llevan a cabo reformas profundas que permitan una reducción moderada del ritmo de emisiones actuales, dando lugar a un incremento de la temperatura global de unos 2ºC hacia 2050 y 2,5ºC para finales del siglo», asegura el documento.

Madrid será como ahora Marrakech

Según el Gobierno, «las temperaturas medias aumentarán, especialmente en el interior peninsular y el arco mediterráneo. Madrid tendrá un clima similar al que actualmente tiene Marrakech y el de Barcelona se parecerá mucho al de Túnez. Las precipitaciones tenderán a disminuir, sobre todo en el suroeste y en los archipiélagos.168 El verano será más largo e intenso y las sequías serán más frecuentes y prolongadas, afectando a un 70% más del territorio que hoy. Al mismo tiempo, aumentarán los episodios de lluvias torrenciales y las inundaciones costeras, pudiendo llegar a afectar a más de 50.000 españoles en 2050″. (Esta última cifra debe ser errónea).

Por ello, el equipo de Sánchez cree que España sufrirá una gran reducción de agua dulce. «Esta menor disponibilidad de agua será simultánea a una mayor demanda derivada del aumento de las temperaturas,y podría hacer que, en 2050, unos 27 millones de personas habiten zonas de España con escasez de recursos hídricos».

«Esto no significa que la población vaya a sufrir cortes de agua en sus hogares, pero sí que habrá que replantear la forma en la que hasta ahora hemos gestionado este recurso», señala el documento.

Como consecuencia de esta sequía, «los incendios podrán ser más frecuentes y destructivos como resultado de la mayor sequedad, la falta de lluvia y el despoblamiento de las zonas rurales. De hecho, España será uno de los países de la UE con mayor número de días por año con peligro de incendio alto-extremo».

Grandes transformaciones

Según el plan para 2050 en materia de cambio climático se darán cuatro grandes transformaciones. Una transición energética, apostando por la electrificación y cuya demanda será suministrada con energías renovables.

El Gobierno estima que la transición energética se traducirá en un aumento neto de empleo de en torno a 250.000 personas, de media al año, y en un incremento en el nivel del PIB próximo al 2% respecto a un escenario tendencial en 2050.

la segunda gran transformación será que habrá que cambiar la forma en la que nos movemos y transportamos bienes. En 2050, habrá menos vehículos privados y más vehículos compartidos, más bicicletas y más transporte público.

«La llegada del vehículo autónomo no hará sino incentivar esta tendencia, ayudando a reducir las emisiones y el tráfico, y a liberar espacio público en nuestras ciudades». Además se quiere premiar al transporte en ferrocarril frente a otros más contaminantes.

Peero sin duda, lo que hará cambiar los hábitos de transporte será la nueva fiscalidad. «Será relevante adaptar la fiscalidad a la nueva realidad del transporte para corregir sus externalidades negativas y establecer señales inequívocas que garanticen su descarbonización a largo plazo», reza el texto.

Según los planes del Gobierno elevará los tipos impositivos sobre el consumo de diésel y de gasolina y creará un nuevo impuesto sobre el uso medio real del vehículo en sustitución de otras figuras fiscales actuales como el impuesto de matriculación.

Renta climática

También en materia fiscal, el Gobierno propone promover una tasa de reducción acelerada de los derechos de emisión que se intercambian en el mercado europeo de emisiones (EU ETS), con el objetivo de garantizar una caída ambiciosa de las emisiones durante la próxima década e impulsar medidas, a nivel nacional y europeo, para que todos los sectores incorporen las externalidades negativas de la emisión de carbono.

Eso sí, para los más vulnerables y que se vean duramente afectados por esta subida fiscal, el Gobierno propone establecer medidas compensatorias para mitigar los potenciales efectos regresivos de una mayor fiscalidad ambiental o mayores precios del carbono. Entre las opciones disponibles, podría explorarse la de la renta climática, un mecanismo diseñado para devolver a la población parte de la recaudación procedente de los impuestos verdes. Otra opción sería la creación de un Fondo de Resiliencia para la Justicia Climática, complementario a las Fuentes de financiación para la transición justa, que sirva para proteger y ayudar a aquellas personas, comunidades y sectores que podrían verse más afectadas tanto por la transición ecológica como por los efectos directos del cambio climático.

Transporte más limpio

En cuanto al transporte, destaca sobre todas las medidas la de prohibir los vuelos en aquellos trayectos que puedan realizarse en tren en menos de 2,5 horas. «Disminuir el impacto medioambiental del transporte aéreo mediante la introducción de la tasa de viajero frecuente o el establecimiento de impuestos sobre los billetes de avión según la cercanía del destino. Ello ayudará a limitar sus externalidades negativas y a aproximar su tratamiento fiscal al de otros medios de transporte», dice el documento.

En cuanto a los cambios a la hora de consumir los productos y bienes el Gobierno recomienda que «la población española tendrá que reducir su ingesta de alimentos de origen animal, la cantidad de prendas de ropa que compra, o el número de dispositivos digitales y electrodomésticos nuevos que adquiere al año». Es decir, un cambio de vida totalmente radical.

Para el equipo de Pedro Sánchez, «Esta reducción de ciertos consumos no provocará un empeoramiento de las condiciones de vida ni del bienestar de la ciudadanía. De hecho, probablemente ayudará a mejorarlas», sentencia.

 

DESCARGUE AQUÍ EL APARTADO DE CAMBIO CLIMÁTICO DEL PLAN ESPAÑA 2050

 

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