Para ayudar a los consumidores de la UE a reducir su factura energética y su huella de carbono, desde hoy empezará a aplicarse en todas las tiendas y puntos de venta en línea una nueva versión de la etiqueta energética de la UE, ampliamente reconocida, a las bombillas y otros productos de iluminación. Este paso se da como consecuencia de la considerable mejora de la eficiencia energética en este sector experimentada en los últimos años, que ha supuesto que cada vez más «fuentes luminosas» (como las bombillas y los módulos LED) hayan obtenido las etiquetas A+ o A++ según la escala actual. El cambio más importante consiste en volver a utilizar una escala más sencilla (A-G).

En palabras de Kadri Simson, comisaria de Energía de la UE: «En los últimos años, nuestras lámparas y otros productos de iluminación se han hecho tan eficientes que más de la mitad de los LED se clasifican actualmente en la categoría A++. La actualización de las etiquetas ayudará a los consumidores a reconocer cuáles son los mejores productos de su categoría, lo que a su vez les ayudará a ahorrar energía y dinero en sus facturas. Gracias a una iluminación más eficiente desde el punto de vista energético seguiremos reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero y contribuyendo a que la UE llegue a ser climáticamente neutra de aquí a 2050».

La nueva escala es más estricta y está diseñada de manera que muy pocos productos puedan alcanzar inicialmente las clasificaciones «A» o «B», lo que deja espacio para que se vayan introduciendo gradualmente en el mercado productos más eficientes. Los productos más eficientes desde el punto de vista energético que se comercializan en la actualidad normalmente irán etiquetados a partir de ahora como «C» o «D». Las etiquetas incluirán varios elementos nuevos, como un enlace QR a una base de datos para toda la Unión en la que los consumidores podrán acceder a más información sobre el producto.

Con el fin de permitir la venta de las existencias actuales, las normas establecen un período de dieciocho meses durante el cual los productos que lleven la antigua etiqueta podrán seguir comercializándose en puntos físicos de venta al por menor. Sin embargo, en el caso de las ventas en línea, las antiguas etiquetas tendrán que ser sustituidas por las nuevas en un plazo de catorce días hábiles.

A las medidas adoptadas ayer las precede un reajuste de la etiqueta energética efectuado el 1 de marzo de 2021 y aplicable a otras cuatro categorías de productos: frigoríficos y congeladores, lavavajillas, lavadoras y televisores (y otros monitores externos). Sobre la base de las normas de diseño ecológico de la UE, la Comisión Europea está trabajando también en la actualización del etiquetado de productos como las secadoras, los aparatos de calefacción local, los acondicionadores de aire, los aparatos de cocina, las unidades de ventilación, los armarios de refrigeración profesionales, los radiadores y calentadores de agua y las calderas de combustible sólido, y considerando la introducción de nuevas etiquetas energéticas para los paneles solares.

 

CONTEXTO

Las tecnologías de las fuentes luminosas evolucionan constantemente, mejorando así la eficiencia energética. Los módulos LED, la tecnología de iluminación más eficiente que existe desde el punto de vista energético para casi todas las aplicaciones, han tenido una rápida aceptación en el mercado de la UE: del 0 % de las lámparas vendidas en 2008 al 22 % en 2015. Entre 2009 y 2015, la eficiencia energética media de los LED se cuadruplicó y los precios disminuyeron significativamente: en 2017 la lámpara LED típica para uso doméstico era un 75 % más barata que en 2010, y la lámpara LED típica para oficinas, un 60 %.

Se calcula que en 2020 se vendieron aproximadamente 1 500 millones de fuentes luminosas en la UE, pero es probable que esta cifra disminuya a 600 millones en 2030 (es decir, que se reduzca en un 60 %), a pesar de que el número de fuentes luminosas utilizadas aumentará en más de un 17 %. Esto se debe a la mayor eficiencia energética y, en particular, a la prolongación de la vida útil de las fuentes luminosas de LED. El hogar medio de la UE compró siete fuentes luminosas en el año 2010, para pasar a comprar cuatro en 2020, y se prevé que esta cifra caiga a menos de una al año de aquí a 2030.

La Comisión ha llevado a cabo una evaluación de impacto de las nuevas normas que indica que, en comparación con una hipotética situación en la que no se apliquen medidas de diseño ecológico de la UE, los cambios supondrán un ahorro de 7 millones de toneladas equivalentes de CO2 al año de aquí a 2030. Esto se añade al ahorro de 12 millones de toneladas equivalentes de CO2 ya previsto en los Reglamentos adoptados en 2009 y 2012.

Las nuevas categorías de las etiquetas reajustadas se acordaron tras un proceso de consulta riguroso y totalmente transparente, que contó con la estrecha participación de las partes interesadas y los Estados miembros en todas las etapas, y con el control por parte del Consejo y el Parlamento Europeo —así como con las nuevas normas acordadas en 2019, mediante las que se informó con una antelación suficiente a los fabricantes—. Como se exige en el Reglamento marco, otros grupos de productos se «reajustarán» en los próximos años, entre ellos las secadoras, los aparatos de calefacción local, los acondicionadores de aire, los aparatos de cocina, las unidades de ventilación, los armarios de refrigeración profesionales, los radiadores y calentadores de agua y las calderas de combustible sólido.

La etiqueta energética de la Unión es un distintivo ampliamente reconocido de los productos domésticos, como las bombillas, los televisores o las lavadoras, y durante más de veinticinco años ha permitido a los consumidores estar mejor informados a la hora de elegir. En una encuesta (Eurobarómetro) a escala de la Unión realizada en 2019, el 93 % de los consumidores confirmó que reconocía la etiqueta y el 79 %, que esta había influido en su decisión sobre qué producto comprar. Junto con los requisitos mínimos de rendimiento armonizados («diseño ecológico»), se calcula que las normas de la Unión sobre etiquetado energético reducirán el gasto de los consumidores en decenas de miles de millones de euros cada año, ofreciendo al mismo tiempo otros muchos beneficios para el medio ambiente y para los fabricantes y minoristas.

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