Aunque las ventas de vehículos eléctricos aumentaron en un 40% respecto al 2020 y pese a que su cuota de mercado ya se aproxima al 3% del total, hay quien no ve esta expansión como reseñable. En concreto hablamos del Colegio de Ingenieros Industriales quienes estiman que hasta dentro de diez años no se producirá previsiblemente una utilización masiva del coche eléctrico. La falta de madurez de este tipo de vehículos y unos costes de fabricación y venta superiores en al menos un 25% sobre los modelos similares de los actuales vehículos convencionales, se postulan como las principales razones.

Si nos centramos en su poca madurez, el informe de la Comisión de Transportes del Colegio de Ingenieros Industriales de Valladolid presidida por José Ramón Perán, colegiado por Valladolid, director de Cartif y profesor emérito de la Universidad de Valladolid, resalta la dificultad para encontrar algunas de las materias primas como el litio y otros componentes de las baterías, o la escasa autonomía de los modelos fabricados en Europa, en los cuales una conducción deportiva puede condicionar hasta un 50% la ya reducida autonomía. Además, el estudio destaca que aún no se sabe cuál será el destino final de las baterías inservibles, que por el momento son almacenadas por los fabricantes porque no se ha encontrado aún un reciclado óptimo.

Otra limitación muy importante para la expansión del coche eléctrico es la ausencia de una infraestructura adecuada de electrolineras o gasineras para hidrógeno. El documento subraya que construir una red de estaciones de recarga no solo implica un coste inasumible actualmente, sino que plantea además problemas relacionados con la alta potencia que requiere la descarga rápida o las dificultades técnicas de las gasineras. Sin embargo, los investigadores reconocen la idoneidad de la progresiva instalación de puntos de recarga en los aparcamientos, tanto particulares como públicos, pero recuerdan que el 85% de los vehículos ‘duerme’ actualmente en la calle. En cuanto a los vehículos eléctricos movidos por motores de pila de combustible, alimentados por hidrógeno, el texto apunta que no poseen las limitaciones de autonomía ni de tiempo de recarga, pero su desarrollo tecnológico y comercialización están todavía muy retrasados, a lo que se añade el elevado precio del hidrógeno.

En defensa del motor de combustión

 

motor de gasolina, emisiones

Asimismo, la investigación sigue avanzando en los vehículos de combustión hacia otras alternativas como los combustibles sintéticos; entre ellos, los procedentes de la biomasa. En este sentido, Perán se muestra convencido de que, “en el plazo de cuatro o cinco años, habrá vehículos de combustión no contaminante que darán la batalla a los eléctricos; y asistiremos a la batalla de la motorización con gas natural muy perfeccionado en sus distintas versiones”.

Igualmente, Perán destaca que, desde el punto de vista de la lucha contra el cambio climático, el coche eléctrico es tan contaminante como el diésel actual en lo que se refiere al impacto de las emisiones de gases de efecto invernadero “si se tiene en cuenta el ciclo de completo de vida del vehículo, sin olvidar la emisión de partículas contaminantes provocadas por el rozamiento de los neumáticos y los frenos”.

El eléctrico es más eficaz desde el punto de vista la polución urbana y es especialmente adecuado en trayectos cortos y sobre todo en áreas metropolitanas. Por su parte, el diésel que actualmente se fabrica, que cumple las normas medioambientales europeas, ofrece muy buenas prestaciones en todo tipo de trayectos. En la carrera por reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2), algunos fabricantes han apostado también por la transformación de coches antiguos, diésel o gasolina. Así, gracias a las tecnologías actuales, aquellos vehículos se convierten ahora en “muy poco contaminantes” y vuelven a circular cumpliendo la normativa actual.

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